Hay canciones que nacen para ser escuchadas y otras que terminan convirtiéndose en parte de la memoria de un pueblo. “Marujita”, interpretada y compuesta por Ernesto Sánchez Fajardo, “El Jilguero del Huascarán”, pertenece a esta segunda categoría.
Su historia combina amor, migración, música andina, identidad ancashina y la lucha de los artistas provincianos por conquistar los escenarios de Lima. Más de seis décadas después de su consagración, la canción continúa formando parte del repertorio asociado a uno de los mayores representantes de la música andina del Perú.
Ernesto Sánchez Fajardo: una voz nacida en Áncash
Ernesto Samuel Sánchez Fajardo nació el 7 de noviembre de 1928 en Bambas, provincia de Corongo, Áncash. Desde muy joven migró a Lima, como tantos provincianos que buscaban nuevas oportunidades en la capital. Su trayectoria artística comenzó en la década de 1940 y progresivamente fue construyendo una identidad propia dentro del folklore peruano.
Con el tiempo adoptó el nombre artístico de “El Jilguero del Huascarán”, apelativo que terminaría convirtiéndose en uno de los nombres más reconocidos de la música ancashina.
Su repertorio abarcó huaynos, chuscadas, pasacalles y valses andinos, y sus canciones hablaron de amor, desengaño, nostalgia, vida cotidiana, tierra natal y también de problemas sociales.
Pero su importancia no se limitó a la música. Sánchez Fajardo también tuvo un papel destacado en la organización de los artistas folklóricos y, posteriormente, llegó a integrar la Asamblea Constituyente de 1978. Su trayectoria representa, por ello, mucho más que la de un cantante: es también la historia de un artista andino que logró abrirse espacio en una sociedad donde la cultura provinciana todavía enfrentaba numerosos prejuicios.
¿Quién era Marujita?
Detrás del título de la canción había una mujer real: María Esther Fuentes Hurtado, conocida artísticamente como Marujita.
Según el relato difundido sobre la historia de la canción, Marujita participaba como cantante y bailarina en los coliseos folklóricos de Lima. Junto con sus hermanas Zoila y Carmen, integró la compañía folklórica Imperial Cuzco y posteriormente, junto con Zoila, formó el dúo “Las Hermanitas Fuentes”.
Los coliseos de Lima eran entonces espacios fundamentales para la difusión de la música andina. Allí se encontraban artistas provenientes de diferentes regiones del país con un público compuesto en gran medida por migrantes provincianos.
Fue precisamente en ese ambiente donde se produjo el encuentro entre Ernesto y Marujita.
El encuentro que inspiró la canción
El relato señala que Ernesto Sánchez Fajardo conoció a Marujita en 1958, cuando ella se presentaba en el Coliseo Nacional, ubicado en el distrito limeño de La Victoria.
El encuentro habría marcado profundamente al compositor.
En aquella época, los coliseos no eran simplemente lugares donde se ofrecían espectáculos. Para miles de provincianos residentes en Lima constituían espacios donde podían reencontrarse con sus costumbres, escuchar sus músicas regionales y mantener viva la relación con sus pueblos de origen.
En ese contexto nació una historia de amor que terminaría transformándose en canción.
De una historia de amor a “Marujita”
Inspirado en su relación, Ernesto compuso una canción dedicada a la mujer que había conquistado su corazón.
Uno de los versos más conocidos comienza:
“Cantando te conocí, linda Marujita…”
La imagen que utiliza el compositor es sencilla, pero profundamente romántica: compara a Marujita con una “rosita en botón de la primavera”.
No se trata de una descripción grandilocuente. La canción construye su romanticismo a través de palabras sencillas, cercanas al lenguaje popular y al sentimiento amoroso propio de muchas canciones andinas.
La letra presenta a una mujer convertida en símbolo de belleza, ternura y compañía. El enamorado promete permanecer a su lado y expresa la intensidad de un amor que aspira a superar incluso las dificultades de la vida.
La canción aparece actualmente en catálogos y recopilaciones discográficas de la obra de El Jilguero del Huascarán.
El matrimonio de Ernesto y Marujita
La historia no quedó solamente en una canción.
Ernesto Sánchez Fajardo y María Esther Fuentes Hurtado contrajeron matrimonio en 1960, según el relato difundido sobre la pareja. A partir de entonces, Marujita estuvo estrechamente vinculada a la trayectoria artística de Ernesto.
La pareja realizó presentaciones y giras, y Marujita participó también en el entorno artístico de las grabaciones de su esposo.
Así, “Marujita” adquirió una dimensión todavía más especial: no era solamente una canción romántica; era una canción dedicada por un artista a la mujer con quien compartía su vida.
El año decisivo: 1960
La historia de “Marujita” dio un salto extraordinario alrededor de 1960.
Ese año, Sánchez Fajardo grabó un disco sencillo de 45 rpm que incluía el huayno “Marujita”. Fuentes biográficas y periodísticas coinciden en señalar que la canción alcanzó un éxito extraordinario y que ese éxito estuvo relacionado con la obtención del Disco de Oro para Sánchez Fajardo.
Este reconocimiento es particularmente importante porque diversas fuentes lo identifican como el primer Disco de Oro obtenido por un artista andino o folklórico en el Perú.
La información disponible, sin embargo, presenta algunas diferencias en detalles sobre el sello discográfico y la fecha exacta de determinadas ediciones. Por ello, conviene distinguir entre el hecho ampliamente documentado —el Disco de Oro de 1960 asociado a “Marujita”— y algunos detalles de la historia discográfica que aparecen de manera diferente según las fuentes.
“Marujita” y la ruptura de barreras
El éxito de la canción tuvo una importancia que iba mucho más allá de sus ventas.
Durante aquellos años, la música andina estaba ganando cada vez mayor presencia en Lima, pero los artistas provenientes de los Andes todavía tenían que enfrentar una sociedad marcada por fuertes prejuicios sociales y culturales.
Que una canción de raíz andina alcanzara semejante popularidad y que su intérprete recibiera un Disco de Oro significaba que la música de los migrantes provincianos podía competir en el mercado musical y alcanzar un público masivo.
Por eso, “Marujita” puede entenderse como parte de un proceso mayor: la consolidación de la música andina en los escenarios, radios y circuitos comerciales de la capital.
RPP ha descrito a Sánchez Fajardo como uno de los grandes íconos de la música andina y recuerda que su éxito en los coliseos limeños contribuyó a convertirlo en un referente para generaciones de peruanos.
José María Arguedas y El Jilguero del Huascarán
Otro aspecto importante de esta historia es la relación de Ernesto Sánchez Fajardo con José María Arguedas, uno de los grandes estudiosos y defensores de las culturas andinas.
Las fuentes biográficas señalan que las primeras grabaciones de Sánchez Fajardo estuvieron relacionadas con la iniciativa de Arguedas, quien reconoció su talento artístico y siguió de cerca su trabajo en los escenarios de Lima.
Arguedas comprendía que los coliseos eran espacios fundamentales para la transformación y difusión de la cultura andina en la capital.
El éxito de artistas como El Jilguero del Huascarán demostraba que el folklore no era una expresión cultural destinada únicamente a las comunidades rurales. También podía convertirse en una poderosa presencia urbana y nacional.
Una canción de amor que terminó convirtiéndose en patrimonio de la memoria
El éxito de “Marujita” no puede explicarse únicamente por su melodía.
Hay algo profundamente humano en su historia.
Un joven artista proveniente de Áncash llega a Lima, se abre camino en los escenarios, conoce a una artista, se enamora de ella y convierte ese sentimiento en una canción.
Después, esa canción llega a miles de personas.
Lo que comenzó como una experiencia íntima termina transformándose en parte de la memoria colectiva.
Ese es uno de los grandes poderes de la música popular: convertir una historia personal en una historia que muchas personas sienten como propia.
“Marujita” dentro del legado del Jilguero
Aunque “Marujita” es probablemente una de las canciones más recordadas de Sánchez Fajardo, constituye solamente una parte de una producción musical mucho más amplia.
Su repertorio incluye títulos como “Carrito del gobierno”, “Sopa de chochoca”, “Tres de Enero”, “Verdades que amargan”, “Desdichado amor”, “Adiós mi Ranrahirca”, “Paloma zonza”, “Benditas las madres” y “Vuela zorzalito”, entre muchos otros.
Su música combinó el sentimiento amoroso con la nostalgia por la tierra, las experiencias de los migrantes y diferentes aspectos de la vida social peruana.
Por ello, su figura terminó trascendiendo la condición de intérprete. El Jilguero del Huascarán se convirtió en uno de los grandes referentes de la música ancashina y de la música andina peruana.
Más que una canción: una historia de Áncash en Lima
La historia de “Marujita” también puede leerse como una pequeña fotografía del Perú del siglo XX.
Está presente la migración desde los Andes hacia Lima.
Está presente el esfuerzo de los artistas provincianos por encontrar un lugar en la capital.
Está presente el surgimiento de los coliseos como espacios de encuentro cultural.
Está presente la música ancashina buscando nuevos públicos.
Y, sobre todo, está presente la capacidad de una canción para conservar una historia de amor durante generaciones.
El éxito de Sánchez Fajardo demuestra además que la música andina no permaneció aislada en sus lugares de origen. Llegó a Lima, se adaptó a nuevos espacios, ingresó a la industria discográfica y conquistó públicos cada vez más amplios.
Un legado que permanece
Ernesto Sánchez Fajardo falleció en Lima el 23 de diciembre de 1988, pero su música continuó circulando después de su muerte. Su obra ha sido objeto de reconocimientos posteriores y continúa formando parte de las recopilaciones dedicadas a la música andina peruana.
“Marujita”, en particular, permanece como una de las piezas más reconocibles asociadas a su nombre.
La canción puede escucharse hoy en plataformas digitales y en distintas recopilaciones de su obra, una muestra de que la distancia entre aquella Lima de los coliseos y el público contemporáneo no ha conseguido borrar su memoria.
La verdadera importancia de “Marujita”
Quizá la mejor manera de entender “Marujita” sea verla desde tres dimensiones.
Primero, como una canción de amor.
Nació de una relación personal y de la admiración de Ernesto por María Esther Fuentes.
Segundo, como una obra de música ancashina.
Su creador llevó consigo la sensibilidad de Áncash a los escenarios de Lima y al circuito discográfico nacional.
Y tercero, como un documento cultural de una época.
Su éxito ocurrió en un momento en que la música andina estaba ganando una presencia cada vez mayor en la capital.
Por eso, cuando hoy se escucha:
“Cantando te conocí, linda Marujita…”
no solamente se recuerda a una mujer llamada María Esther.
También se recuerda a Ernesto Sánchez Fajardo, a los músicos provincianos que llegaron a Lima, a los coliseos que mantuvieron viva la tradición y a una generación de artistas que ayudó a transformar la percepción de la música andina en el Perú.
Conclusión
“Marujita” es, en esencia, una historia de amor convertida en patrimonio de la memoria musical ancashina.
Su recorrido —desde el encuentro entre Ernesto y Marujita hasta el éxito discográfico de 1960— resume una parte importante de la historia de la música andina en el Perú. El reconocimiento obtenido por Sánchez Fajardo convirtió aquella canción romántica en un hito de su carrera y en una pieza inseparable de la figura del Jilguero del Huascarán.
Y quizá por eso sigue viva: porque detrás de la melodía existe algo que nunca envejece —el amor, la nostalgia por la tierra y el deseo de dejar una huella a través de la música.
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